Rías Baixas, un lunes de agosto agridulce.

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Ermita de las Conchas en la Isla de La Toja.

Aprovechando algún día libre y la compañía de una buena amiga, nos fuimos de paseo al corazón de las Rías Baixas; escogimos un lunes, porque consideramos que sería el día de menos afluencia en esa zona.

Así, comenzamos nuestra jornada de manera fantástica, sin apenas tráfico, llegando al espectacular Humedal Complejo Intermareal Umia-O Grove y a la playa de La Lanzada, que indican la entrada a un pequeño paraíso; continuamos, hasta la majestuosa Isla de La Toja. Emocionadas, vimos que salía el tren turístico, y nos pareció una idea fantástica para recorrer de manera productiva la isla. Pero poco nos duró la ilusión… en el tren, una música totalmente desacertada (de la época gloriosa de Manolo Escobar, anda que no tenemos música actual de grupos gallegos!!) de fondo con un tono elevado que se paraba de repente para dar paso a una grabación con información sobre lo que íbamos viendo. Las vistas, excelentes, divisando las grandes torres hoteleras, la Ermita de las Conchas, y los puestos con abalorios varios de conchas, que tampoco disgustan, la verdad; el paisaje, a pesar del día gris que hacía, espectacular.

Al terminar, fuimos directamente caminando a la ermita y fue todo una odisea… cada dos por tres, nos asaltaban las señoras intentando vender los abalorios de conchas… y cuando al fin llegamos a la Iglesia, la señora que estaba en su interior, intentó captar nuestro bolsillo una vez más, informando sobre lo milagrosa que es la Virgen del Carmen que allí veneran (increíble!!!!!) Escapando, nos metimos en la tienda museo que hay de las aguas de La Toja, cuya entrada resulta agradable y parece que da paso a un interesante centro… pero una vez más, qué desilusión!!! La música, del mismo tipo que la del tren, la decoración poco acertada, y totalmente orientado a la venta. Demoledor.

rias-baixas-o-grove-restaurante¿Final? Directas y en línea recta, nos fuimos al coche para cruzar el puente lo antes posible. Tras un paseo en coche por la península de O Grove, encontramos por casualidad, un restaurante que es mucho más que eso: Paraíso Balea. Un lugar curioso en sintonía con esa península de O Grove: una especie de pequeña nave sobre una finca cerrada acoge un espacio auténtico en el que comer marisco y pescado (entre otras cosas) a la carta, o con menú del día. Si algún día vais, no olvidéis pedir su empana casera, aunque es probable que os la ofrezcan para degustar. Como sabéis, no soy ninguna experta en gastronomía, pero como usuaria, puedo decir que es un restaurante totalmente recomendable para ir a comer, o para tomar una caña o un helado en su terraza: materia prima excelente, lugar cuidado con detalles, y atención al cliente inmejorable. Terminamos la jornada en la playa, que al mismo tiempo nos valió de reflexión…

¿Es éste el turismo que queremos? En mi opinión, estamos ante un modelo turístico (tipo de masas, años 60) que se está agotando, o es poco o nada rentable. Si para nosotras ha resultado de lo más incómodo y poco apropiado lo que nos ha tocado vivir, un lunes de agosto… ¿cómo se sienten los turistas de fuera de Galicia? Desde luego, sería un buen lugar para hacer encuestas y poder conocer sus opiniones acerca de la experiencia en La Isla de La Toja. Tenemos los mejores hoteles de Galicia (uno de 5 estrellas y dos de 4 estrellas) concentrados en esa isla acondicionados para acoger un turismo de un poder adquisitivo medio alto; unos recursos turísticos endógenos y auténticos que permiten el desarrollo de productos turísticos con valor, como podría ser el desarrollo de un centro de interpretación en lugar de ese pequeño museo; y sí, con espacio de venta, pero no tan descarado. Algo no encaja en las Rías Baixas. Espero que este post se entienda como una crítica constructiva, pero es la realidad; no es agradable escribir post tan negativos.

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Compostela Gastronómica… tiempo, productos y personas.

 

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Visionarios del Vino en Compostela Gastronómica

Con esta denominación se celebraba uno de los actos el lunes pasado bajo el paraguas del  Festival de cocina gallega, Compostela Gastronómica. Esas tres palabras, tiempo, productos y personas, son un excelente resumen de ambos actos: “Producto, tempo e persoas” de Siro González e Manel Oliveira y  la mesa “Visionarios del vino”.

Tengo que confesar que, cuando nos apuntamos a un showcooking o a una mesa de ese tipo, uno lo hace pensando en que se tratarán los temas de siempre: de gastronomía en el primer caso, y de vinos en el segundo. Pero no ha sido así; aunque en el fondo se ha hablado de esos dos conceptos, los protagonistas han sido los productos y las personas (y el tiempo, claro).

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“Tempo, produtos e persoas” en Compostela Gastronómica.

En el primer acto – demostración, dirigida por Manel Oliveira de O Castelao y Siro González del Calderón,  se ha hablado del trabajo de los proveedores y de la calidad de la materia prima que usan en sus restaurantes. Ha sido toda una experiencia escuchar en directo a la persona a la que le compran el pescado, la carne, etc. y a representantes de las DO e IGP. Uno llega a entender las tarifas de los restaurantes que trabajan con productos de calidad. Hay mucho trabajo detrás de lo que puede parecer un simple plato de comida: hay productos, y personas.

La mesa sobre vino que hubo a continuación, “Visionarios del vino” ha sido otra experiencia más… Los ponentes no han sido representantes de las grandes bodegas (en dimensión), sino todo lo contrario. Los visionarios del vino han sido: las bodegas Albamar y Zárate de Rías Baixas, Algueira de Ribeira Sacra, Issué de O RibeiroDominique Roujou (asesor) y la moderadora,  Eva Pizarro sumiller del restaurante Acio. Nuevamente, se ha hablado de manera apasionada de productos y personas. Cada uno de ellos, presentó su trabajo y su trayectoria personal (no su bodega), y como punto en común, su visión crítica con respecto al trabajo que están desarrollando las Denominaciones de Origen en Galicia. Incluso han ofrecido opciones para cambiar la dinámica de las DO.

Un buen comienzo para un gran evento, que esperamos sea la primera edición de muchas. Desde mi punto de vista, un nombre y un slogan acertado (Compostela Gastronómica, Festival da Cociña Galega), en un marco incomparable como es la Plaza de Abastos de Santiago de Compostela: un lugar que se pretende posicionar como un espacio dinámico y con vida en el corazón de Compostela. Un evento que se ha promocionado antes, durante (y seguramente después) de su celebración en las redes sociales, han apostado por la comunicación digital. Un evento que demuestra a los gallegos  (y a los no gallegos) los grandes productos que tenemos, por si alguno a estas alturas lo duda. Otro punto del que se ha hablado en ambos eventos, ha sido el hecho de que nosotros los propios gallegos, no sabemos lo que tenemos. No lo valoramos hasta que llega alguna persona de fuera o ese producto / persona se reconoce fuera de Galicia; entonces sí, pero nos lo tienen que decir… El gran problema que tiene Galicia en general: no podemos promocionar algo en lo que no creemos y/o estamos convencidos. Como decían en la mesa los visionarios del vino, hay que pasar del “potencial” (que ya lo sabemos) a la acción. Ojalá, así sea, y pronto.

¡Hasta el próximo latexo!


La otra cara de las fiestas de interés turístico.

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Foto: parque a la entrada de Vilagarcía de Arousa, 16/08/2014.

La semana pasada hacía una reflexión sobre el interés de que una fiesta para que se declare de interés turístico o no. Esta semana, vuelvo con las fiestas de interés turístico para hablar de lo que no sale en los titulares, o sí…

Me refiero al ambiente que se genera en algunas de las fiestas de interés turístico. Hace una semanas se comentaba en las redes sociales, en algún blog y entre personas del sector relacionado con el turismo, sobre lo que había pasado en la fiesta del Albariño de Cambados, Fiesta de Interés Turístico Nacional. Se cuestionaba la imagen que se estaba dando; este vídeo especial de la CRTVG lo dice todo, sobran las palabras. Desde mi punto de vista, uno se encuentra con diferentes motivos para asistir a una fiesta: sea de interés turístico o no, gastronómica o de otro tipo. Lo de ir a alguna fiestas como esa del Albariño de Cambados, o la Fiesta del Agua de Vilagarcía de Arousa (que coincide con la Fiesta de San Roque que es de Interés Nacional) es para algunas personas una tradición, y van en peñas para disfrutar de la fiesta, y para beber. Otras personas van a esas mismas fiestas para disfrutar del ambiente: del mundo del vino en el caso del Albariño de Cambados, o del ambiente en general; como pueden asistir a otras fiestas. Otras personas asisten por su parte profesional. Y existirán muchos motivos más. El problema surge en la conducta de las personas, y en las consecuencias de no saber beber, más que de beber. Ayer precisamente, leía en la prensa una noticia cuyo titular dice “La Festa da Auga también batió el récord de basura en las calles”. La situación realmente es alarmante. Ya no por la basura que se genera, sino por lo que se vive la noche anterior a la celebración. Me consta que, los propietarios de las viviendas de los edificios de una de las zonas más afectadas, la del entorno de la Playa de Compostela, se han planteado contratar a guardias de seguridad este año, tras sufrir los años anteriores, pero finalmente no lo hicieron por miedo a que llamasen más la atención y fuese peor. Al día siguiente, hablando con esas personas, comentaron lo que habían visto esa noche en los alrededores del edificio, cosas que no se pueden ni escribir.

Sinceramente, ya no es por la imagen que se crea del destino y de la fiesta; lo preocupante es que estamos ante conductas totalmente inapropiadas de personas. Aunque no es sólo en las fiestas… también son noticia estos días los atentados contra nuestro patrimonio, por ejemplo en la Playa de las Catedrales. ¿Qué está pasando? Es estupendo que la gente celebre y se vaya de fiesta; que la Xunta promocione las fiestas y las subvencione; que los titulares de las noticias hablen de la masiva afluencia de personas a las fiestas; que renfe habilite casi 5000 plazas más ese día para ir a Vilagarcía (en teoría); pero… ¿qué hay de la otra cara de la fiesta que no se cuenta ? Desde mi punto de vista los propios municipios deberían de actuar, y poner un alto, o al final, en vez de ser fiestas de interés turístico, se convertirán en fiestas de interés  para unos pocos, y dejarán de ser lo que por propia definición, deberían de ser: fiestas de interés turístico.